julio 14, 2026
Descubre las consecuencias emocionales y psicológicas de una separación conflictiva en niños y adolescentes. Aprende cómo minimizar el impacto y brindar apoyo durante este proceso desafiante.

Psicóloga María Mercedes Armas

¿Cómo afecta la separación conflictiva de sus padres a los niños, niñas y adolescentes?

La opción de “separarse bien”, lamentablemente, es la menos escogida por los miembros de la pareja que deciden separarse, causando así mayor sufrimiento tanto a ellos mismos como a los familiares, en especial a sus hijos e hijas. Estos sufren grandes cambios a raíz de la separación de sus padres debido a que cambian las rutinas, responsabilidades y estilo de vida.

Cuando las separaciones son conflictivas, la parte más vulnerable la llevan los niños/as, debido a que se encuentran sujetos a decisiones que toman los adultos sin considerar los efectos que tienen en ellos.

Entre los factores que se ven más afectados tenemos aquellos que modifican su rutina diaria y que pueden tener un fuerte impacto en su desarrollo e incluso rendimiento académico. Por ejemplo: cambio de residencia, de colegio, reducción de actividades extracurriculares, alejamiento de sus amigos y compañeros de colegio; lo cual implica un proceso de adaptación difícil de asimilar. 

Otro aspecto importante es la reducción del contacto con el padre o madre que se muda aparte; lo cual puede incidir negativamente en su relación y aún más si recibe, por parte del otro progenitor, mensajes que van destruyendo la imagen o vínculo que ha tenido con él o ella.

Estos son dos de los factores a considerar por los adultos en bien de sus hijos e hijas; ante lo cual es recomendable alterar lo menos posible sus rutinas y vínculos debido a que esto les proporciona seguridad dentro del caos que genera una separación, sobre todo si es conflictiva. Es importante que cada uno revise si realmente está dispuesto a poner como prioridad el bienestar de sus hijos y a minimizar el sufrimiento que genera la separación entre ellos.

A nivel psicológico se hace necesario estar en contacto y al tanto del estado anímico del niño/a. El diálogo abierto y acorde a su edad es una excelente herramienta para que los niños/as drenen sus emociones y obtengan respuestas a sus interrogantes o inquietudes en relación al proceso de separación.

Por su bienestar emocional, se hace necesario evitar las discusiones en presencia de ellos y no generar críticas o comentarios negativos que les afecten a nivel emocional y puedan producir un daño a su salud mental. 

Las reuniones y encuentros con los niños/as no deben convertirse ni ser usados para mal poner a la ex pareja ni alimentar resentimientos que luego son difíciles de sanar. Las separaciones conflictivas experimentadas a temprana edad es uno de los factores que genera más daño en este sentido, el cual tiende a evidenciarse en la etapa adulta y a la hora de establecer pareja o desempeñar el rol de padres/madres.

Cada uno de los adultos debe asumir y procesar las implicaciones de sus decisiones de pareja sin colocar sobre la espalda de los niños/as la responsabilidad de ser su confidente o paño de lágrimas, su aliado contra el otro o cualquier otra posición inadecuada y dañina para su salud mental y emocional.  Por el contrario, es vital aprovechar positivamente el tiempo que se pasa con los hijos/as para construir una relación fuerte y sana que los apoye a afrontar la crisis del momento y les permita madurar, sentirse amados y seguros, sabiendo que, independientemente del proceso de separación, ellos son lo más importante para ambos.

El contacto entre los padres debe privilegiar el tema de la protección de sus hijos/as en situación de crisis, minimizando los daños y dándoles el apoyo emocional que necesitan y, de ser necesario, buscar el acompañamiento profesional a nivel psicológico.

En el proceso de separación es frecuente que los padres y madres cometan el error de pensar que sus hijos/as permanecen emocionalmente ajenos al conflicto y que no los va a afectar. Lo cierto es que ellos están inmersos en la crisis y están derivando consecuencias a nivel emocional y a otros niveles de su vida, dependiendo de cómo sus padres manejen la situación.

Dependiendo de la edad tendrán una mayor comprensión de lo que sucede; quizás no lo entiendan tan ampliamente pero sí que perciben el ambiente tenso y la variación del estado emocional de los padres y sentir temor durante las discusiones. Estos procesos pueden generar en los niños/as efectos emocionales como ansiedad, miedo, inseguridad, dificultades sociales o académicas; pueden tener cambios en sus conductas habituales y episodios de llanto, rabia, irritabilidad o manifestaciones que, aparentemente, no tienen nada que ver, como comenzar a morderse las uñas, orinarse en la cama y otros retrocesos en su desarrollo psico emocional,  aislarse, no poder dormir, golpear a sus amigos o hermanos, entre otras.

Algunos aspectos a considerar de manera especial son:

  • Cuando los niños se hacen los fuertes o que no les importa la situación; lo cual puede indicar que el niño se está «tragando» lo que siente, no lo expresa.
  • Cuando los niños se convierten en protectores de alguno de los padres; asumiendo un rol que no les corresponde.
  • Cuando los niños se culpan por sentirse responsables de la separación.

Existe la creencia arraigada de que es mejor para los hijos/as mantener la relación porque la separación les causará más daño. De allí que muchas personas permanezcan prácticamente atados a una relación infeliz “por el bien de los hijos”; incluso cuando existen patrones de violencia intrafamiliar. Hay que tomar en cuenta que el criarse en estos ambientes proporciona un modelaje muy negativo para los niños y adolescentes, que puede tener consecuencias en sus roles y relaciones futuros a nivel de pareja y de padres/madres.

Aunque la separación implica un fuerte impacto emocional para los niños y adolescentes, en algunos casos puede resultar un alivio, cuando la dinámica de la pareja es violenta y han tenido que vivir en un ambiente conflictivo permanentemente.

Ante toda situación humana hay dos perspectivas: la ideal y real; en la conjugación de ambas es posible conseguir vías de acción más adecuadas y menos traumáticas. Resulta difícil pensar que, una pareja que no se entiende ni respeta, logre llegar a acuerdos y a un trato respetuoso en cuanto al tema de los hijos/as cuando se están separando. Sin embargo, luego de tener clara la decisión como pareja, es más factible que puedan poner a un lado sus diferencias y enfocarse en el objetivo común de proteger a sus hijos/as durante este proceso.

Una vez tomada la decisión de la separación o divorcio, hay que dar la cara a diversas decisiones en cuanto a los hijos/as, debido a los cambios en la dinámica familiar que afectarán tanto sus relaciones como su cotidianidad; lo cual genera miedo, ansiedad, sensación de incertidumbre y muchas interrogantes. Va a depender de la madurez y conciencia de los padres/madres, que este proceso sea lo menos traumático posible para el grupo familiar.

El punto crucial es el cómo se manejará la situación por parte de los adultos y de los recursos internos que los niños y adolescentes puedan desarrollar para afrontarla.

Algunas recomendaciones para minimizar el sufrimiento de los hijos son:

  • Separar la relación de pareja de la relación con los hijos/as con cada uno de sus padres.
  • Aclarar que aunque la relación de pareja termine, esto no implica una separación afectiva de los hijos/as.
  • Los hijos/as no son los responsables o culpables de la separación de sus padres y que no depende de su comportamiento que estos decidan estar unidos de nuevo.
  • Mantener el vínculo con los hijos/as de la manera más involucrada y frecuente; brindándoles apoyo emocional.
  • Se logran mejores resultados cuando los padres colaboran entre sí en su rol parental, se comunican positivamente y establecen normas adecuadas para los niños y adolescentes.
  • Hacer el esfuerzo por disminuir el impacto de la separación en las rutinas cotidianas, actividades y relaciones de los hijos/as.
  • Mantener una comunicación empática y comprensiva, manejando información honesta, sincera, sin mentiras ni falsas expectativas pero también acorde a las edades de los niños/as; respondiendo a sus preguntas e inquietudes de manera adecuada.
  • Tomar en cuenta sus opiniones y sentimientos para las nuevas decisiones de convivencia.
  • Ofrecerle opciones para canalizar sus inquietudes a través de actividades de tipo recreativo, artístico, deportivo o de su preferencia.

Ninguna separación es fácil y todas generan algún nivel de sufrimiento, sin embargo las experiencias menos traumáticas se han logrado cuando ambos, padre y madre, logran llegar a acuerdos poniendo como prioridad el bienestar y seguridad de los menores involucrados.

Los temas más conflictivos de manejar son relacionados a los acuerdos de manutención, convivencia familiar y cuando aparece una nueva pareja de alguno o ambos padres; por lo cual es recomendable:

  • Acudir al sistema de protección de niños, niñas y adolescentes para conocer tanto sus deberes como sus derechos en relación a los hijos/os y recibir apoyo para llegar a los acuerdos en este sentido y también para que los menores conozcan sus derechos como hijos/as.
  • Asesorarse de los aspectos legales que implica como madre y padre, ya que aunque la pareja se separe o divorcie, los deberes hacia los hijos/as continúan.
  • Considerar el apoyo profesional por parte de un especialista en el área de asesoría familiar psicológica.
CIACEM
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