Por María Mercedes Armas (Psicóloga)

Nuestro trabajo es importante por muchas razones, además es una de las actividades y relaciones que ocupan una gran cantidad de tiempo en el día a día. Por ello iniciaremos hoy con un tema que muchas veces pasa desapercibido y no es atendido. Te invito a que chequees los siguientes indicadores:
- ¿Has sentido que tu trabajo ya no tiene sentido, o que ya no tienes la misma motivación y compromiso?
- ¿Te sientes desanimado para hacer tu trabajo, y pospones, demoras o evitas hacerlo?
Si respondiste afirmativamente, puede que estés presentando un cuadro de estrés laboral.
- ¿Conoces los síntomas más comunes del estrés laboral y cómo manejarlo?
- ¿Sabías que el estrés laboral te puede llevar a aislarte y a distanciarte de las demás personas?
- También puede generar irritabilidad y explosividad en la conducta.
- Incluso nos puede llevar a tener problemas en las relaciones familiares y de pareja, no solo con el equipo de trabajo.
Es interesante conocer estos indicadores que, en general, no relacionamos con un cuadro crónico de estrés laboral conocido como el Síndrome de Bornout o Síndrome del quemado.
Se le describe como un estado de agotamiento o desgaste mental, emocional y físico generado por causas existentes en la relación o entorno laboral, entre ellas: insatisfacción laboral o exigencias muy demandantes.
Entre los síntomas que se presentan están:
A nivel físico:
- Dolor corporal: de cabeza, espalda, músculos en general.
- Dificultad para conciliar o mantener el sueño reparador.
- Tensión corporal, cansancio, agotamiento, falta de energía constante en el tiempo, a pesar de descansar.
- Nauseas, desgano para comer.
A nivel emocional:
- Irritabilidad, explosividad, mal humor.
- Desmotivación, falta de interés en las cosas.
- Sentimiento de impotencia, improductividad.
- Baja confianza en sí mismo y sus capacidades.
- Sentirse abrumado, sobrecargado o fundido; de allí el nombre de Síndrome del quemado.
A nivel de la conducta también se observan cambios negativos:
- Incumplimiento del horario y/o funciones.
- Notable desmejoramiento en su desempeño o rendimiento profesional.
- Descuidos que generan consecuencias negativas.
- Aislamiento en el entorno laboral y familiar, contacto social escaso.
- Falta de empatía con las personas que le rodean o tiene que atender.
- Actitud crítica y negativa, oposición.
Estos son solo algunos de los indicadores de un posible cuadro de desgaste profesional, ante los cuales es importante estar alerta para identificar a tiempo y buscar el apoyo profesional adecuado.
Como consecuencia de la Pandemia Covid 19, se evidenció el impacto de los factores estresantes en el personal de salud, por lo cual en 2022 la Organización Mundial de la Salud clasificó el Síndrome de Desgaste Ocupacional dentro de la Clasificación Internacional de Enfermedades especificando un listado de síntomas del mismo y su función como desencadenante de otras enfermedades.
Entre ellos incluye las jaquecas, gastritis, hipertensión, colon irritable, taquicardia, deficiencias del sistema inmune, tics nerviosos, sudoración y temblores corporales, obesidad, alopecia o caída del cabello, irregularidades menstruales, bruxismo (presión de dientes y mandíbula), dificultad en los procesos de atención, concentración y memoria, dificultad para tomar decisiones, propensión a tener accidentes, reducción del deseo y desempeño sexual, inestabilidad emocional; entre otros que pueden desencadenar cuadros más complejos como la depresión.
Esta organización señala que existen tres signos principales de este cuadro crónico multifactorial que se extiende en el tiempo: la sensación de cansancio o agotamiento de la energía; el aumento del desapego mental hacia el propio trabajo o sentimientos de negativismo o cinismo relacionados con el mismo; y la reducción de la eficacia profesional.
Para prevenir el Burnout es clave establecer algunos criterios saludables en cuanto a la actividad laboral, entre ellos los horarios regulares y la realización de actividades físicas, sociales y recreativas que compensen. La idea es mantener un estilo de vida balanceado ante las demandas laborales, utilizando estrategias de manera continua para el manejo del estrés que conlleva; aunque hay algunas ocupaciones que generan un mayor nivel de estrés, entre ellas, de manera genérica podemos mencionar: las que implican un factor de riesgo para la integridad personal, el contacto y enfrentamiento con situaciones violentas y la atención de personas mediante profesiones de ayuda.
Es importante considerar el factor de generación de estrés a la hora de escoger una profesión, oficio o empleo; lo cual en general no se toma en cuenta, sino que se evidencia cuando se manifiestan los efectos de manera directa. Muchas veces se tiende a romantizar las ocupaciones basándose en lo que se observa en películas y series, lo que viene a constituir un duro golpe al enfrentar la realidad y el nivel de estrés que se maneja en esa ocupación. Estos aspectos están relacionados con lo que sería la escogencia vocacional de los jóvenes estudiantes, lo cual es un factor importante a la hora de decidir de manera informada y preventiva.
Este síndrome, al ser producto del desgaste, implica que se va desarrollando en un espacio de tiempo más o menos extendido, no es algo que se presente de manera inmediata, por esto hay la oportunidad de prevenirlo y atenderlo a tiempo para que no se profundicen sus efectos. Para ello es necesario estar atentos a los indicadores del estrés laboral, tomando en cuenta que no todas las personas reaccionan de la misma manera; esto se debe a que hay factores tanto internos como externos que influyen para que se produzca un menor o mayor desgaste laboral.
Entre los factores internos, correspondientes a la persona, tenemos: el nivel de motivación, algunos rasgos de personalidad, satisfacción laboral, expectativas inadecuadas hacia el trabajo, su condición física y nivel de salud integral, si tiene alguna discapacidad o condición especial física o mental, un estilo de vida desorganizado o estresante en sí mismo, circunstancias difíciles que se podría estar atravesando, entre otros.
Los factores externos, correspondientes a la actividad laboral en sí, tienen que ver con los riesgos que implica, si se aplican estrategias de protección o no, los niveles de ingreso que ofrece en relación a las exigencias, los horarios establecidos, la exigencia de actividades extras excesivas y demandantes, el ambiente laboral entre compañeros, dinámicas disfuncionales en el trabajo, falta de control en las decisiones importantes, el estilo de liderazgo de los jefes, la accesibilidad al sitio de trabajo (distancia y medios de transporte); los beneficios adicionales.
¿Cómo reconocerlo? en la publicación anterior se establecieron algunos indicadores importantes a tener en cuenta. Básicamente hay que hacer una auto revisión de cómo nos sentimos con la actividad laboral que desempeñamos y chequear la aparición de cambios negativos a nivel físico y emocional.
Es recomendable acudir a la entrevista con un especialista, para establecer claramente si se trata del Síndrome de Burnout u otra situación lo que le está afectando y discutir los aspectos en pro y en contra de dicha ocupación. Dependiendo del nivel de afectación y revisando todos los elementos en conjunto, la persona podrá tomar la decisión de hacer algunos cambios que le ayuden a manejar más adecuadamente el estrés que le genera su trabajo o tomar decisiones mas definitivas, como por ejemplo, cambiar de trabajo, ya que de persistir la situación esto podría generarle otro tipo de trastornos ya que el agotamiento laboral no atendido conlleva un factor de riesgo para la salud tanto física, como mental y emocional.
