Por María Mercedes Armas (Psicóloga)

Se habla poco de la paternidad. Considero que es necesario hablar de la importancia del padre y del rol paterno positivo, en la vida de los niños, niñas y adolescentes y en la vida familiar, por eso he querido tocar algunos puntos referentes al proceso de paternidad, en especial dedicado a los padres adolescentes y adultos jóvenes.
Tensiones de la paternidad adolescente y joven ¿Cómo afrontarlo?
Al hablar de embarazo adolescente y al inicio de la adultez, es necesario abordar el tema de aquellos jóvenes masculinos que asumen la paternidad, bien sea voluntariamente o por presión de la familia, y de cómo esa decisión afecta su proyecto de vida. En tal situación los aspectos fundamentales son económicos y emocionales. También depende del tipo de relación que existe con la madre del bebé, ya que no necesariamente el embarazo implica un compromiso o continuidad como pareja y, por el contrario, puede implicar una ruptura.

La paternidad adolescente puede ser traumática y muy difícil de afrontar. A diferencia de la chica, cuyo cuerpo está completamente afectado por el proceso de embarazo; el padre no lo vive igual y las presiones, para que se involucre en el proceso, provienen básicamente de la pareja y de la familia. Socialmente está naturalizado que la responsabilidad recaiga solamente sobre la madre adolescente y su familia, y que el padre se desentienda de la situación.
La programación cultural que promueve y naturaliza la paternidad irresponsable, a partir de una construcción diferente y desigual de la sexualidad femenina y masculina, así como de los procesos reproductivos, esto un factor determinante. A los niños no se les prepara para que algún día lleguen a ser buenos padres, a diferencia de las niñas, en las cuales esto se inculca desde muy temprana edad mediante los juguetes y los juegos de roles.
La inmadurez y la falta de autonomía emocional y económica, también son factores en contra para que el joven padre asuma su rol y construya una relación con su hijo(a). Aunque son muchos los que no lo asumen y se distancian, rompen la relación, o desearían interrumpir el embarazo; también hay un número importante de los que deciden asumir el rol paterno a esa temprana edad y con un embarazo, por lo general, no planificado ni deseado.
De ser muy joven, necesitará el apoyo familiar en ambos aspectos. Lo ideal sería que pudiera continuar con sus estudios, pero al asumir la responsabilidad por el bebé, tendrá que buscar alternativas más viables para poder trabajar, produciéndose en algunos casos el retiro de sus estudios. La deserción escolar masculina está más relacionada a la pobreza y a la necesidad de trabajar a tiempo completo, dificultades de aprendizaje, desinterés y falta de motivación; y en menor grado por problemas familiares y por embarazo temprano, el cual si es un factor relevante en la deserción escolar femenina.
El padre involucrado. Una paternidad consciente.
¿Qué tan involucrado debería estar el padre con sus hijos e hijas?

El padre involucrado es aquel que vive su rol plenamente en todos los procesos de sus hijos e hijas, y de su grupo familiar. Tiende a tener a la familia como un gran valor en su vida y su prioridad es protegerla y cuidarla. Se sale del patrón social común y lo verás en las reuniones del colegio, en la consulta pediátrica y en las actividades extracurriculares. Sabe cómo preparar un tetero y como bañar al bebé, y si no lo sabe, está dispuesto a aprenderlo.
Además de cumplir de manera responsable su rol paterno, lo disfruta, es importante para él.
En una cultura que naturaliza el abandono paterno de los hijos (as), podríamos preguntarnos ¿De dónde surgió este personaje tan involucrado?
Muy probablemente tuvo un padre similar, y sigue su modelo; aunque también hay casos dónde fueron incluso niños abandonados y no quieren repetir esa dura experiencia con sus hijos, quieren hacer todo lo contrario, al ofrecerle a sus hijos el mayor amor, atención y apoyo en todas sus actividades, mostrando un interés genuino hacia su familia.
Un padre que manifiesta estas actitudes, está libre de prejuicios en cuanto a su rol masculino, se siente libre de hacer lo que se necesite con sus niños(as) y lo disfruta; comparte en igualdad con la madre, los cuidados y responsabilidades, generando así un ambiente de más equidad en el grupo familiar y proporcionándole a sus hijos e hijas un tremendo ejemplo positivo a seguir.
El padre soltero. ¿Cuáles son sus principales retos?
Los padres solteros son aquellos que, por alguna circunstancia de su vida o por una decisión consciente, afrontan solos, sin la presencia de la madre, la crianza de sus hijos e hijas en una situación de monoparentalidad. Nos referimos aquí a los padres que realmente lo ejercen y no a aquellos que comparten la crianza con otra figura femenina que asume el rol materno de los niños, como la abuela o una tía, por ejemplo.
La crianza y cuidados de los hijos son tareas complejas y demandantes; cuando son asumidas por una sola persona les exige vencer grandes retos. Al padre soltero le toca asumir los roles domésticos y de cuidados, rompiendo los estereotipos culturales establecidos para la madre y el padre. Esto le exigirá manejar aspectos que quizás antes no había manejado, porque no forman parte del modelo de crianza que culturalmente se da a los varones. Tiene que poner en juego sus recursos internos para integrar todos los aspectos involucrados en la crianza; tanto la disciplina como la afectividad, la atención del hogar como el empleo o trabajo fuera del hogar, el uso efectivo del tiempo y del factor económico para cubrir todos los aspectos.
En el contexto de cambios culturales, económicos y sociales, en particular lo referido a la composición y funcionamiento de las familias, ha ido en aumento la figura de hombres que ejercen su paternidad solos. Esto se ha visto impulsado por los cambios en las dimensiones de la identidad masculina relacionadas con la paternidad, la crianza, el cuidado de los hijos y la distribución de las tareas domésticas. Según algunos estudios se observa una cierta flexibilización y ampliación del papel del padre, más allá de su rol de proveedor o de figura de autoridad, hay signos de mayor involucración en la crianza y cuidado de los hijos(as) y una mayor cercanía afectiva en sus relaciones, a diferencia del ejercicio de la autoridad, lo cual ha ido reforzando el aumento de esta opción de familia monoparental.
Separación conflictiva y paternidad.
La separación genera un elevado nivel de sufrimiento que repercute en los más vulnerables, como los hijos/as, por lo cual se requiere desarrollar estrategias para protegerlos en lo posible de este impacto, hay que trabajar en ello de manera madura y consciente. La separación es una decisión de los adultos, no de los hijos/as, por lo cual se ven involucrados y afectados desde una perspectiva muy diferente. Es necesario que ambos, padre y madre, evalúen las consecuencias negativas y busquen una manera madura y responsable de relacionarse que proteja a los hijos e hijas.

Lo que NO se debe hacer:
- Utilizar a los hijos/as para manipular a la ex pareja, de una manera egoísta e irresponsable, generando mucho sufrimiento y dejándoles secuelas a nivel emocional.
- Usar las visitas de convivencia para controlar y monitorear a la madre, asignándole un rol de vigilante, para que les informe acerca de su vida, relaciones y actividades.
- Tratar de imponer una figura de madrastra, sin tener una intención de establecer previamente un vínculo positivo que pueda generar confianza y aceptación.
- Someterlos a “escoger” entre ambos padres, lo cual le crea un conflicto muy profundo a nivel emocional en los hijos/as.
- Usar el tema económico para manipular y controlar. Es frecuente ver cómo alguno de los dos asume la mayoría de los gastos de los hijos mientras que el otro está cómodo en su irresponsabilidad y, aun así, reclama sus derechos. Hay que recordar que así como hay derechos también hay deberes, y estos deberes son hacia los hijos, no hacía la ex pareja.
Llegado a este punto, es recomendable buscar el apoyo profesional para manejar los conflictos pensando en la protección y bienestar de todos, pero en especial de los hijos e hijas que son los más vulnerables.
El padre como modelo
Según se ha estudiado, la mayor parte de la conducta humana se aprende por observación mediante modelaje. En el caso de las figuras parentales, no solo hay un proceso de modelado, en términos de conductas, sino también un proceso de representación simbólica de las conductas. Internamente los hijos e hijas van adquiriendo, imitando e integrando mediante una representación simbólica, los roles parentales para, posteriormente, reproducirlos.
De allí que notamos la importancia y gran responsabilidad que conlleva la paternidad, en este caso, como modelo de padre, de pareja y de hombre, para sus hijos e hijas. En la infancia se está a merced de lo que hay en el entorno; los niños y niñas pequeños no tienen la posibilidad de escoger a sus modelos. Muchas veces se le atribuye a causas genéticas los parecidos encontrados entre las conductas de padres e hijos/as. Decimos «Es igualito a su papá», pero realmente lo que ha sucedido es un proceso de aprendizaje por imitación del modelo.
El modelo se imita, se aprende y se reproduce, bien sea positivo o negativo. A menos que haya algún proceso que interfiera con esto, ese modelo se va a reproducir en la vida adulta tal cual. Basados en estos procesos podemos influir, de manera consciente, para que el modelo adquirido sea el más positivo y nutritivo. Pero lo primero es reconocerlo. Esto es importante entenderlo porque, siendo así, puede cambiarse; puede aprenderse otra manera de ser y relacionarse. Puedes revisar lo que le estás modelando a tus hijos y que tanto estás repitiendo el modelo de tu padre. Puedes decidir revisar todo tu proceso de paternidad y trabaja para convertirte en el modelo de padre que desearías ser.
