Por María Mercedes Armas Barrios (Psicóloga)

En una cultura dónde lo primordial es la juventud, las personas, en etapa de adultez avanzada, podrían llegar a pensar que su vida carece de propósito, pero ¿Quién determina el propósito de la vida? Es la misma persona que, a lo largo de su existencia, va determinando de manera consciente el sentido de su vida. La edad avanzada nos ofrece un reto en este sentido; porque muchas de las relaciones o situaciones, que no dan puntos de referencia para el propósito de vida, ya no están presentes de la misma forma. Por ejemplo, ser madres, padres, trabajadores, profesionales, la fuerza física, la autonomía económica, entre otros, permitían darle un sentido a la vida; mientras que ahora los roles y alcances son diferentes.
Es importante que el adulto mayor reflexione, en este momento de su existencia, que propósito quiere otorgarle a su vida, ya que depende de el o ella y no de lo que otras personas le asignen. Para reflexionar en esta pregunta hay que salirse de los esquemas y abrirse a ser creativos. También implica alimentar y validar el deseo de vivir y no solo existir de manera estática.
A continuación conversaremos acerca de algunos de los temas que inciden en el propósito de vida en a etapa adulta mayor:
1) La autonomía: puede que se hayan limitado o perdido algunas capacidades que merman la autonomía de las personas. Es importante hacer esa evaluación de la autonomía en los diversos aspectos de la vida; a nivel físico, mental, económico; ya que es uno de los criterios más determinantes en la calidad de vida del adulto mayor. Es útil hacer un inventario de las fortalezas y vulnerabilidades en los distintos ámbitos y, en lo posible, trabajar para fortalecer aquellas áreas y funciones más debilitadas.
A veces suceden eventos y aparecen circunstancias en la vida, que afectan la autonomía de manera temporal, pero la idea es retomarla lo más pronto posible. Si se permite que estas situaciones afecten a nivel emocional, se corre el riesgo de que se prolonguen en el tiempo y se hagan irreversibles. Esa ha sido una de las consecuencias negativas del aislamiento por Covid para las personas mayores, por la falta de actividad física, mental, los cambios a nivel económico y las pérdidas o duelos en distintos ámbitos de la vida. La pérdida de autonomía duele, porque implica dejar se percibirse y sentirse como era y hay una nueva realidad que no coincide con la forma como se quiere vivir.
2) El estímulo: Así como la autonomía, es un factor muy importante en la vida adulta mayor. Desde dar un abrazo, bailar, resolver un crucigrama, recibir una llamada telefónica, conocer a una nueva vecina, aprender a hacer algo nuevo, hasta un juego interesante de ajedrez… cualquiera de estas actividades tienen en común que proporcionan estímulo. El estímulo puede adoptar varias formas, pero el resultado es el mismo: revitaliza, reanima, impulsa, atrae, fortalece, alienta, alerta, despierta, fortalece, entre otros. Las actividades físicas y mentales; la interacción social, las actividades productivas de ingresos, las relaciones románticas, las actividades artísticas, y muchas más, generan el estímulo necesario y conveniente para fortalecer y mantener la salud física, emocional y mental durante la tercera edad.
